El mercado de la actualidad y el mercado de la confianza

La mayoría de las veces en la que se intenta explicar el efecto que produce internet en la producción y difusión de información periodística se hace referencia a lo tecnológico, al canal, pero en pocas ocasiones se hace referencia al efecto que está produciendo en el mercado. 

Cuando solamente existía un sistema industrial que monopolizaba la producción y difusión de la información periodística, únicamente se podía hablar de un mercado: el que accedía a la información periodística a través de los productos que ofertaba esa industria. Productos en los que se empaquetan diversos contenidos informativos pero que necesariamente había que adquirir todos en su conjunto. Podemos diferenciar esos contenidos por el tema, pero también los podemos diferenciar por su función. 

Por ejemplo, en un diario hay contenidos de política, de economía, de sociedad, de ciencia, de deportes, … Una miscelánea de noticias de temas diferentes, pero con algo en común: la actualidad. Ahora bien, también en los diarios nos encontramos artículos, reportajes, reportajes,  análisis. opiniones, … que,  aún tratando temas de actualidad, no la contienen de una manera tan rabiosa como las noticias. Esos contenidos no pretenden informar a sus lectores, quieren explicar, analizar, contextualizar la información que sus lectores ya tienen. La finalidad de esos contenidos no es ofrecer información, su finalidad es aportar conocimiento.

Cabría preguntarse, ¿cuánta gente de la que compra un diario ahora, lo compra para informarse de lo que pasa o para adquirir conocimiento sobre lo que está pasando? 

Las redes sociales en sí mismas son una herramienta fantástica para producir y distribuir una información periodística del qué, quién, cúando, dónde, con más dificultad del cómo, pero no tanto para difundir el por qué. Ni para explicar antecedentes y consecuencias. 

De hecho, las redes sociales están consiguiendo la ampliación del mercado que solamente demanda una información básica: bien puede decirse que cada vez hay más gente enterada de más cosas gracias a las redes sociales. Y demanda genera demanda: cada vez hay más gente que quiere saber sobre más cosas. Esto es algo fantástico para el periodismo.

La ampliación de este mercado no implica la reducción del otro mercado que demanda saber más sobre lo que ya sabe. Al contrario, cuanta más gente haya que sepa algo de algo, más gente habrá que quiera saber más sobre ese algo. Y esto es también algo fantástico para el periodismo.

Por tanto las empresas periodísticas, las nuevas y las viejas, tienen que considerar que ya hay que hablar de dos mercados de la información: el que demanda actualidad y el que demanda conocimiento. El primero no está dispuesto a pagar mucho, quizá nada. Pero el segundo, sí, siempre y cuando lo que compre le dé confianza. 

No creo que este incremento de los mercados sea algo negativo para el periodismo, más bien lo contrario, presenta una excelente oportunidad de venta. Eso sí, el producto hay que adecuarlo a las características de demanda de los mercados.

 

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